100 lunares

Así, apoyarme en tu pecho mientras duermes con esa tranquilidad de cuando hemos hecho el amor.

Así, reencontrarme con tu cuello y deslizar mis dedos poco a poco hasta llegar a tu ombligo.

Y quedarme ahí un buem rato a saborear el instante en el que confías tu cuerpo a mi persona.

Si bien la soledad me acompaña en días grises, a tu lado regreso cada vez que puedo encontrarte en ése vacío que se produce en los días poco creativos.

Y verte abrir los ojos lentamente con dos rayos de sol que asoman por la la persiana.

Detrás de esa luz estoy yo, que cuento los minutos que quedan para escuchar el sonido de tu voz llamándome.

Y mirarte fijamente cada uno de tus lunares que parecen dibujar el mapa de algún querer.

Pero de pronto te vas, pues no has venido para quedarte, y tampoco quiero que la visita se convierta en monotonía.

Mejor vernos a destiempo entre la luna y el viento que mece nuestros cuerpos con pañuelos de blanca seda en cada rincón.

Deseos complacidos los que reunidos se hacen afecto y tacto en dos seres que se aman.

Verdad natural de los instintos que tarde o temprano deben huir en un sentirse plenos y completos.

Acariciarse el riesgo que supone venir a verme en los días soleados que tantas risas nos dieron.

Como un lucero pintado de azul en el que se iluminan las pasiones que han de partir.

Atrás queda el verano que tanto nos dió, atrás la magia que nos cautivó.

Y yo sigo perdido entre tus ojos y tu ombligo pues hoy venir no has venido en busca de un ruiseñor.

Corazón hiriente en éste octubre creciente que por no apretar los dientes uno respira mejor.

Casualmente son las horas que por ti espero a solas en éste hechizo cruel en ésta infiel y cruda manera de amarte.

Paz de sobrero erguido sobre tu pelo negro que de no ser de otro nunca serías más.

Marcando los días en un viejo calendario que de no estár se emborrona por contar hasta las horas.

Como cuando te despides, ausencia de mártires cuerdos en la hoguera de cualquier día de San Juan.

Y tal vez volar…

Y tal vez ceder…

Y tal vez consumir los días de poca fe.

Afinidad…

Polvo…

Sabia sed…

Encuentro y olvido en el camino.

Vivir lo vivido a pesar del sin sentido.

Aplaudirte las manías que tercas como las mías se convierten en puros diamantes de la personalidad que me regalas.

Para eso las alas que aún quebradas te recuerdan aquí a mi lado sin la pena y sin ningún temor.

Abocados hacia la extinción de un verano sagrado en el que con mucho cuidado supiste encontrarme.

Lo mismo da si me crees bueno o me crees cruel, pues más bien es de piel a piel la manera de apagar nuestra común virtud.

Y volver a despertarte dibujandote circulos en tu espalda.

Quién fuera calor y ternura en las mañanas sin premura, como cuando eramos dos.

Mejor atar la sombra a mi sombrero y olvidar que en febrero apenas calienta el sol.

Decirte adiós y buena suerte para cuando sientas perderte en el momento de cruzar la fina linea entre el amor, la vida, y la paz.

Fiebre en vena…

Serena…

Quemado asfalto…

Crece la lengua en la barriada.

Mece la cuna…

Siente con bravura…

Contandonos historias del fuego…

Con tus brazos enrredados en mi.

Y tus 100 lunares entre mis dedos.

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