ATEMPORALES

Se derrama la compañia de tu risa loca en el tránsito de los días azules.

Caminando por la soledad que me aporta tu falta en tantos y tantos recuerdos que construimos.

Es la manera que tiene el tiempo de matarlo todo.

En éste oscuro corazón vivo que apenas descasó.

Voy a retener tú recuerdo por si algún día te atrevieras a regalarme tiempo.

En éste desorden invisible en el cual estoy sumergido desde que te fuiste.

El tiempo que tardo en recuperarme de las sensaciones que me distraen.

El tiempo que hace que no estamos de un forma relajada.

Será que nos ha hecho viejos en el transcurso de un año en el que cada uno nos fuimos quedando en casa.

El mismo tiempo que hizo que coincidieramos durante años de diversión compartida.

Cuando éramos casi uno y las horas se nos pasaban volando.

El tiempo se pasaba volando.

No quiero quedarme en ese recuerdo, ya que no sería sensato ni productivo.

Aún así el tiempo todavía no pudo conmigo, y dudo que pueda con la manera que tenemos de mantener un mínimo de contacto.

Lo cierto es que no nos debemos nada más que las vivencias que pudimos compartir, y éstas están plenamente pagadas por si mismas.

Eso sí, cada vez me quedan menos palabras para recordarte, recordar esa dolencia que siente uno cuando pierde a una amiga.

Tiempo que hace que no te veo en tus ojos, esos ojos que siempre me buscaron.

Esperaremos entonces a que él vuelva a juntarnos en quién sabe que momento y que lugar.

El tiempo…

Sediento…

Disconforme…

Gélido…

Insobornable…

Distante…

Lo cierto es que en realidad fuimos…

ATEMPORALES.

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